MEDITACIÓN EN LA GALERA
DEL SILENCIO
Siéntate
cómodamente, sin cruzar ninguno de tus miembros superiores e inferiores, coloca
tus manos sobre los muslos y respira, cierra tus ojos suavemente y respira, siente
que ese aire que inunda tus pulmones es lo único que te comunica con el
universo, lentamente como si fuera la última, vuelve
a tomar ese aire prodigioso hasta llenar tus pulmones y todas las cavidades de
tu abdomen, cuenta mentalmente hasta siete y exhala por tu boca entre los
dientes produciendo un siseo como si se estuviera desinflando un neumático, repite
de manera lenta este ejercicio de respiración siete veces, recuerda el siete es
el número clave de la magia y prosigue, tu cuerpo se encuentra relajado y ávido
de pasar a otro estado de comunión con tu conciencia, en este instante, en tu
mente se posesiona una luz radiante, es una luz que no encandila, es una luz
que brota desde lo más hondo, resulta de la conexión entre el corazón y tu
cerebro, es una luz sanadora, es la luz
que te limpia de los apegos y las cadenas de la cultura para dar paso al
fabulador y al fecundo balbuceo en el silencio, esa luz embriagante va a recorrer
todo tu cuerpo para sanarlo, para alejarlo de toda atadura con tus miedos, para
hacerte sentir que solo vos sos el artífice y el que decanta las palabras, solo
vos sentís que tu propia luz te va inundando lentamente, siente como ella penetra
por los dedos de tus pies, suave, refrescante, sanadora, sigue, viaja y se toma
tus pies hasta colmarlos de descanso, pasa a tus tobillos y los anima a gozar su
función frágil por el tendón de Aquiles, asciende en tus piernas como un cosquilleo deliciosos hasta topar con tus rodillas flexibles, sigues por los
muslos enternecidos por la caricia de esa luz íntima, hasta posesionarse de la
raíz donde se asegura tu instinto de supervivencia, donde se sustenta el ser,
tu ego privilegiado y único, reactivando tu condición de ser y tu originalidad,
no dejas que se te escape tu impronta para rubricar tu huella, entre vísceras
esenciales la luz sigue e inunda el sacro, te dota de la energía
indispensable para tu sexualidad y tu capacidad creadora, luego, esa luz benigna,
trae nuevo brillo a tu plexo solar para indicarte que debes seguir gobernando
tus instintos, que debes permitirte la libertad para crear tu propia expresión;
luego, esa misma luz irradia el corazón, te inculca la bondad para perdonar y encontrar en tu
experiencia un nuevo lenguaje para comunicarte, te descubre el amor verdadero,
te hará sentir adhesión a los seres humanos que acatan los designios de la
naturaleza; llega a tu garganta para aclarar tu voz y darle fina expresión verbal; la
maravillosa luz asciende y se ubica entre ceja y ceja, afina y activa tu
percepción poética, te hace intuir que existen otros mundos extrasensoriales
que son posibles de visitar sin incredulidad; y finalmente, la luz se posa en
el lugar de donde no debe escapar nunca, en la corona de tu cuerpo para que no
olvides que eres energía que transciende y se transforma en lo que dices y
escribes desde el amor, es el punto de conexión con lo divino. A esta altura de
la meditación en el silencio, todo tu cuerpo irradia luz sublime, se han
despabilado todas tus funciones vitales, se han sanado de los miedos, las presunciones,
las envidias y los rencores, ha limpiado al ser que siente y piensa de los
malos hábitos, tu palabra desde ahora se emite ávida y sabia; estás en paz,
apaciguado en vos mismo, sano para absorber en el aprendizaje y para crear tu
propio lenguaje, hacer el milagro de ser vos el que siente, piensa y argumenta
su devenir eterno. Ahora, todo lo que recogiste inservible o negativo de los
siete puntos cardinales de tu cuerpo debes vaciarlos hacia el infinito; pon tus
manos relajadas orientando sus palmas hacia arriba, sientes como la misma luz
sanadora recorre de nuevo tu cuerpo y va cargándose de las malas energías y los
despojos del pasado, desde los pies hasta la cadera desde el ombligo hasta los
hombros, todo lo va absorbiendo en espiral, te das cuenta que por tus brazos
bajan como en un vórtice todos los sobrantes e inútiles que cargamos, por medio
de las manos abiertas van fluyendo hacia afuera de ti; finalmente, la luz
desciende desde la corona pasa por el tercer ojo y la garganta para constatar
de que todo quedo iluminado y se desliza hasta salir por el sumidero de tus
manos, tu propia luz te hará saber, te
hará sentir que el cuerpo, el alma y el espíritu, por fin, se han reconciliado
y se pertenecen como una unidad vital, ahora eres libre para crear tu propia
fantasía, tus imágenes benignas y aterradoras, todo está allí para ser tomado
por las palabras desde el silencio íntimo, ellas, solo esperan que vos las
tomés con toda la inventiva del creyente.
Guillermo
Pulecio Corredor
La
galera, 10 de mayo de 2020
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