domingo, 10 de mayo de 2020

Ejercicio de meditación en y desde el silencio.


MEDITACIÓN EN LA GALERA DEL SILENCIO
Siéntate cómodamente, sin cruzar ninguno de tus miembros superiores e inferiores, coloca tus manos sobre los muslos y respira, cierra tus ojos suavemente y respira, siente que ese aire que inunda tus pulmones es lo único que te comunica con el universo, lentamente como si fuera la última, vuelve a tomar ese aire prodigioso hasta llenar tus pulmones y todas las cavidades de tu abdomen, cuenta mentalmente hasta siete y exhala por tu boca entre los dientes produciendo un siseo como si se estuviera desinflando un neumático, repite de manera lenta este ejercicio de respiración siete veces, recuerda el siete es el número clave de la magia y prosigue, tu cuerpo se encuentra relajado y ávido de pasar a otro estado de comunión con tu conciencia, en este instante, en tu mente se posesiona una luz radiante, es una luz que no encandila, es una luz que brota desde lo más hondo, resulta de la conexión entre el corazón y tu cerebro,  es una luz sanadora, es la luz que te limpia de los apegos y las cadenas de la cultura para dar paso al fabulador y al fecundo balbuceo en el silencio, esa luz embriagante va a recorrer todo tu cuerpo para sanarlo, para alejarlo de toda atadura con tus miedos, para hacerte sentir que solo vos sos el artífice y el que decanta las palabras, solo vos sentís que tu propia luz te va inundando lentamente, siente como ella penetra por los dedos de tus pies, suave, refrescante, sanadora, sigue, viaja y se toma tus pies hasta colmarlos de descanso, pasa a tus tobillos y los anima a gozar su función frágil por el tendón de Aquiles, asciende en tus piernas como un cosquilleo deliciosos hasta topar con tus rodillas flexibles, sigues por los muslos enternecidos por la caricia de esa luz íntima, hasta posesionarse de la raíz donde se asegura tu instinto de supervivencia, donde se sustenta el ser, tu ego privilegiado y único, reactivando tu condición de ser y tu originalidad, no dejas que se te escape tu impronta para rubricar tu huella, entre vísceras esenciales la luz sigue e inunda el sacro, te dota de la energía indispensable para tu sexualidad y tu capacidad creadora, luego, esa luz benigna, trae nuevo brillo a tu plexo solar para indicarte que debes seguir gobernando tus instintos, que debes permitirte la libertad para crear tu propia expresión; luego, esa misma luz irradia el corazón, te inculca la bondad para perdonar y encontrar en tu experiencia un nuevo lenguaje para comunicarte, te descubre el amor verdadero, te hará sentir adhesión a los seres humanos que acatan los designios de la naturaleza; llega a tu garganta para aclarar tu voz  y darle fina expresión verbal; la maravillosa luz asciende y se ubica entre ceja y ceja, afina y activa tu percepción poética, te hace intuir que existen otros mundos extrasensoriales que son posibles de visitar sin incredulidad; y finalmente, la luz se posa en el lugar de donde no debe escapar nunca, en la corona de tu cuerpo para que no olvides que eres energía que transciende y se transforma en lo que dices y escribes desde el amor, es el punto de conexión con lo divino. A esta altura de la meditación en el silencio, todo tu cuerpo irradia luz sublime, se han despabilado todas tus funciones vitales, se han sanado de los miedos, las presunciones, las envidias y los rencores, ha limpiado al ser que siente y piensa de los malos hábitos, tu palabra desde ahora se emite ávida y sabia; estás en paz, apaciguado en vos mismo, sano para absorber en el aprendizaje y para crear tu propio lenguaje, hacer el milagro de ser vos el que siente, piensa y argumenta su devenir eterno. Ahora, todo lo que recogiste inservible o negativo de los siete puntos cardinales de tu cuerpo debes vaciarlos hacia el infinito; pon tus manos relajadas orientando sus palmas hacia arriba, sientes como la misma luz sanadora recorre de nuevo tu cuerpo y va cargándose de las malas energías y los despojos del pasado, desde los pies hasta la cadera desde el ombligo hasta los hombros, todo lo va absorbiendo en espiral, te das cuenta que por tus brazos bajan como en un vórtice todos los sobrantes e inútiles que cargamos, por medio de las manos abiertas van fluyendo hacia afuera de ti; finalmente, la luz desciende desde la corona pasa por el tercer ojo y la garganta para constatar de que todo quedo iluminado y se desliza hasta salir por el sumidero de tus manos,  tu propia luz te hará saber, te hará sentir que el cuerpo, el alma y el espíritu, por fin, se han reconciliado y se pertenecen como una unidad vital, ahora eres libre para crear tu propia fantasía, tus imágenes benignas y aterradoras, todo está allí para ser tomado por las palabras desde el silencio íntimo, ellas, solo esperan que vos las tomés con toda la inventiva del creyente. 

Guillermo Pulecio Corredor
La galera, 10 de mayo de 2020 

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