Entramos de la mano en un río sin memoria
Nuestra risa era un eco de semillas
que dejaba señales en los adioses del agua
En las noches soñábamos con la inocencia del vino
Cada palabra borraba
el murmullo del hastío que adormece las llamas
Sin saberlo, teníamos entonces una belleza taciturna,
casi triste, encendida en nuestras manos
Ardíamos en los espejos
donde el olvido repasaba con paciencia su sonrisa
¡habemus poeta!
ResponderEliminarHe leído varias veces AMANTES para impregnarme de su sensualidad. Me quedo con"señales en los adioses de agua", en silencio suspiro y bebo de esos adioses. Gracias Fabio por compartir tu poema.
ResponderEliminarte leo
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