Gómez Jattin
Como animal temeroso
destinado a contener
la furia de los hombres tristes
fue al inicio
el verde de la herida:
cigarrillo ausente de labios
todos sus amigos (y ninguno)
un mango abierto
al hambre de los cuerpos
que simulan el amor
la mariposa
cayendo sobre sí misma
una
y
otra
vez
Después
la sombra eyectada de sí
desechada por el cuerpo
en una esquina
negada la memoria
de sus ángeles.
Allí
supo dormir al borde del grito
en media luna
tendido sobre la mano
que acuna el frío
Usaba el último pantalón de algodón
ofrendado por la frase:
“mendigue con dignidad”
Su madre no sabía entonces
que alzar una mano al cielo
es ya impertinente para Dios.
Se dijo
que estuvo loco un tiempo
lo justo
para atravesar la calle y ver el bus que se avecina
Finalmente morir sin saber
que es el poema que día a día nos fumamos.
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