Cazadora, artista
del trapecio
prefirió la
noche
para tejer profecías,
anuncios,
presagios,
de la vida y
de la muerte,
de la suerte,
del insecto.
Inocente
araña
deslumbrada por
su trampa,
se creyó dueña del destino,
del azar,
de la
fortuna,
de la vida y de la muerte,
de la vida y de la muerte,
de la suerte,
del insecto.
Y se equivoca.
La suerte, soy yo.
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