Cada 23 de
junio
el helecho
macho abre la fiesta
oloroso a canela y chocolate,
portador de
la lluvia en la noche más corta
sabe alargar
el día del viejo San Juan,
invitó a una cheflera
susurrando un
bolero
que a toda siesta le llega su hora.
La merienda anuncia el arrullo
de un cuento
inconcluso,
ensueño en un colchón
oloroso a
madre
a ajo,
cebolla, tomillo, limón.
Un baile de
especias
en un plato
de lentejas.
Encontrarse
de golpe con la felicidad.
La siesta
huele a helecho.
La siesta
huele a ajo.
La siesta
sueña un radio, que no sabe respirar.
La siesta es
esa casa, es esa circunstancia
que abraza a sus
niños con una manta tejida,
y árboles en
matera, que cuentan cosas
cada noche
que se enciende la lámpara de vitral.
Me gusta visitar esas intimidades hogareñas. Insisto como nuevón no se quien lo escribe. Por favor dígame su nombre.
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EliminarYo, Karola. Eres bienvenido.
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