VIAJE FANTÁSTICO
Preámbulo.
Gracias al taller literario EL
TRASPATIO DEL CIELO voy a enfrentar esos sueños y fantasías que quedaron como
recuerdos o improntas en mi memoria.
Era Semana Santa del año 2016, al
parecer por la ingesta de alimentos contaminados me dio una gastroenteritis
bacteriana que se convirtió en peritonitis (nunca se supo la causa real y por
donde entró la infección al peritoneo). El médico me contó después que en dos
oportunidades tuve paro cardiaco-pulmonar y le tocó reanimarme utilizando los
procedimientos clínicos conocidos. Me imagino que para evitarme el dolor y la
necedad me mantuvieron durante veinticinco días en la UCI en un coma inducido y
amarrado a la cama. En este tiempo tuve varios sueños o viajes fantásticos que
no me he atrevido hasta ahora relatar. Desperté con
inmovilidad total y sujeto a la parafernalia del equipamiento y aparataje de la
UCI. Pensé ese momento: “mientras mi pensamiento funcione cabe la esperanza”. Hoy,
sé que en mayo de 2016 volví a nacer. Desde ese mes debí empezar de cero, a
mover primero los brazos, luego las piernas mientras me iban desconectando de
los aparatos. Las terapias permitieron volver a comer, hablar, caminar hasta valerme
por mí mismo. Para los creyentes prosperó la ilusión de la sanación milagrosa. Una
red de amigos queridos, desde sus posiciones místicas, pedían a su Ser Superior
que me dejara en este planeta. Católicos, evangélicos, hinduistas, agnósticos y
chamanes (curanderos y milagreros) establecieron sus cadenas de oraciones y desarrollaron
ritos mágicos para tal fin. Lo cierto es que volví de ese viaje fantástico
cargado de una visión más integradora de la irrealidad y con un amor profundo
por todos los seres y elementos de los reinos natural y cultural. .
(En esa estadía tuve varios viajes pero
aquí solo me voy a referir a uno)
PRIMER VIAJE – Despertar de los sentidos.
Estoy frente a una especie de escalera tendida en un haz luminoso. Asciendo
por ella y al final encuentro un paisaje yermo de colores intensos pero a la
vez deliciosos. Camino descalzo sobre una grama o hierba acolchonada. Empiezo a
percibir el aroma de flores silvestres y trato de adivinar su procedencia.
Luego, escucho trinos, siseos, susurros y gemidos tiernos de aves y bestias de
la selva virgen. Busco identificar a los emisores pero todo es novedoso e indeterminado.
Permito que la vista se solace ante la espesura vegetal. Percibo sus formas voluptuosas
en sus distintos tonos de verde, amarillos y azulados. Me doy cuenta que allí
la arquitectura humana no existe, solo me inmerso en un medio de naturaleza
perfecta. Descubro que la iluminación de ese paraje tiene la dulzura del
amanecer y la romántica crepuscular. Inhalo el aire como si aspirara vida. El
rocío impregna y refresca mi piel desnuda. La brisa acaricia y hace sentir que
levito. Allí, no existe el miedo, ni el calor, ni el cansancio; abunda la
sensación de paz y solo se permite estar en pleno gozo. Todo está allí y nada es
infinito. Es, solo eso, una sensación de felicidad incorruptible. Los
habitantes de esa estancia son seres fantasmales que circulan sin provocar
tensiones. Solo pasan o vuelan como no queriendo alterar su estado eufórico. Tengo
grandes deseos de quedar allí para siempre, pero, algo me pide que regrese. Algo
estalla en mi receptor mental: “Todavía no es tu tiempo”.
Guillermo Pulecio CorredorBitácora del mas acá, 4 de junio de 2020
Hace unos dos años me hicieron una operación con anestesia general y en la sala donde aplican el medicamento me hice el propósito de estar conciente para ver como se sentía el adormecimiento. Pasaba el tiempo y no pasaba nada y esperé un rato más. En eso pasó una enfermera y le pregunté que cuando iniciaban, me dijo: ya terminaron, vamos a la sala de recuperación.
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