jueves, 4 de junio de 2020

EXPERIENCIA ONÍRICA


VIAJE FANTÁSTICO
Preámbulo.
Gracias al taller literario EL TRASPATIO DEL CIELO voy a enfrentar esos sueños y fantasías que quedaron como recuerdos o improntas en mi memoria.
Era Semana Santa del año 2016, al parecer por la ingesta de alimentos contaminados me dio una gastroenteritis bacteriana que se convirtió en peritonitis (nunca se supo la causa real y por donde entró la infección al peritoneo). El médico me contó después que en dos oportunidades tuve paro cardiaco-pulmonar y le tocó reanimarme utilizando los procedimientos clínicos conocidos. Me imagino que para evitarme el dolor y la necedad me mantuvieron durante veinticinco días en la UCI en un coma inducido y amarrado a la cama. En este tiempo tuve varios sueños o viajes fantásticos que no me he atrevido hasta ahora relatar. Desperté con inmovilidad total y sujeto a la parafernalia del equipamiento y aparataje de la UCI. Pensé ese momento: “mientras mi pensamiento funcione cabe la esperanza”. Hoy, sé que en mayo de 2016 volví a nacer. Desde ese mes debí empezar de cero, a mover primero los brazos, luego las piernas mientras me iban desconectando de los aparatos. Las terapias permitieron volver a comer, hablar, caminar hasta valerme por mí mismo. Para los creyentes prosperó la ilusión de la sanación milagrosa. Una red de amigos queridos, desde sus posiciones místicas, pedían a su Ser Superior que me dejara en este planeta. Católicos, evangélicos, hinduistas, agnósticos y chamanes (curanderos y milagreros) establecieron sus cadenas de oraciones y desarrollaron ritos mágicos para tal fin. Lo cierto es que volví de ese viaje fantástico cargado de una visión más integradora de la irrealidad y con un amor profundo por todos los seres y elementos de los reinos natural y cultural. .
(En esa estadía tuve varios viajes pero aquí solo me voy a referir a uno)          
PRIMER VIAJE – Despertar de los sentidos.
Estoy frente a una especie de escalera tendida en un haz luminoso. Asciendo por ella y al final encuentro un paisaje yermo de colores intensos pero a la vez deliciosos. Camino descalzo sobre una grama o hierba acolchonada. Empiezo a percibir el aroma de flores silvestres y trato de adivinar su procedencia. Luego, escucho trinos, siseos, susurros y gemidos tiernos de aves y bestias de la selva virgen. Busco identificar a los emisores pero todo es novedoso e indeterminado. Permito que la vista se solace ante la espesura vegetal. Percibo sus formas voluptuosas en sus distintos tonos de verde, amarillos y azulados. Me doy cuenta que allí la arquitectura humana no existe, solo me inmerso en un medio de naturaleza perfecta. Descubro que la iluminación de ese paraje tiene la dulzura del amanecer y la romántica crepuscular. Inhalo el aire como si aspirara vida. El rocío impregna y refresca mi piel desnuda. La brisa acaricia y hace sentir que levito. Allí, no existe el miedo, ni el calor, ni el cansancio; abunda la sensación de paz y solo se permite estar en pleno gozo. Todo está allí y nada es infinito. Es, solo eso, una sensación de felicidad incorruptible. Los habitantes de esa estancia son seres fantasmales que circulan sin provocar tensiones. Solo pasan o vuelan como no queriendo alterar su estado eufórico. Tengo grandes deseos de quedar allí para siempre, pero, algo me pide que regrese. Algo estalla en mi receptor mental: “Todavía no es tu tiempo”.  
Guillermo Pulecio Corredor
Bitácora del mas acá, 4 de junio de 2020

1 comentario:

  1. Hace unos dos años me hicieron una operación con anestesia general y en la sala donde aplican el medicamento me hice el propósito de estar conciente para ver como se sentía el adormecimiento. Pasaba el tiempo y no pasaba nada y esperé un rato más. En eso pasó una enfermera y le pregunté que cuando iniciaban, me dijo: ya terminaron, vamos a la sala de recuperación.

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