FÁBRICAMOS UN AMANECER
Andrés Felipe Jaramillo Salazar
Óscar, mi vecino, era un niño afortunado, tenía muchos juguetes. Cada vez que soñaba con uno nuevo, lo construía él mismo, con sus propias manos. Al principio, yo era mucho más pequeño que él, sin embargo, a los pocos días de conocernos, Óscar se hizo más niño y yo crecí, lo supe porque después de un fin de semana éramos casi iguales, eso recuerdo.
El día que lo conocí fue una noche con luciérnagas. Mientras nuestros padres se presentaban, salimos a jugar al antejardín. Después de un rato de juegos con los nuevos amigos del barrio, Óscar entró a la casa y regresó con un tarro pequeño de vidrio, de esos donde vienen las compotas para bebés; raro, pues en esa casa todos eran grandes. El tarro no tenía la etiqueta, estaba limpio y transparente. Me lo pasó con la tapa floja y me dijo que hiciera silencio y que pisara con cuidado.
¿Para qué?, me pregunté, si en el pasto no suenan las pisadas; pero le hice caso. Con lentitud y precisión capturó la primera luciérnaga entre sus manos, asegurándose de no maltratarla. Me miró y sonrió en señal de victoria, elevando las cejas, siempre en silencio. Sus manos parecían contener un pequeño sol, así yo imaginaba la fuente de esos destellos intermitentes que se alcanzaban a ver por los espacios que quedaban entre los dedos. Me dijo que destapara el tarro y yo pensé que al abrirlo me olería a bebé, pero no fue así, no olía a nada. Aprendimos a oler todo lo que palpitaba y todo lo que tocábamos palpitaba. Óscar puso sus manos sobre la boca del tarro y las abrió un poco por debajo hasta que el pequeño sol descendió.
─¡Tápalo, tápalo! ─dijo con emoción.
Mientras retiraba sus manos, yo ajustaba la tapa y, cuando lo sostuve con la palma de mi mano, apareció una estrella intermitente. Óscar y yo seguimos en el antejardín, en silencio, capturando estrellas voladoras que fueron llenando al tarro de compota.
Contamos muchas estrellas danzantes y, de pronto, la noche cercana a nosotros desapareció: fabricamos nuestro primer juguete de tantos: un amanecer.
Un bello cuento cargado de poesia
ResponderEliminarAmo este texto.
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