viernes, 12 de junio de 2020

Poema perfeccionado con observaciones del taller


PEPE TORCAZA
(Ella se durmió en la orilla.
Tú en la cumbre de una rama.)
Se equivocó la Paloma. Rafael Alberti

|Pepe se para en mi ventana|
|Pepita espera mientras mira|

Sin decir, ellos nos dicen cosas.

Susurran en lenguaje de gestos
y sisean con sus plumas magas

Su cucú sin soslayos me fabula
la libertad de vivir como torcaza.

Dicen y redicen que me escape

Me acucian a salir del ostracismo.
Me atrevo y alzo vuelo a su nido.



Capítulo 1. Pepe y Pepita, desde hace un año, se aposentaron en mi casa y la recorren como si fuera propia. Muy temprano van al comedor para que les ponga migajas de pan y arrocito cocido. Luego, satisfechas, vuelan hasta el árbol donde esconden sus crías. En las tardes, llegan a la ventana de mi alcoba para invitarme a volar. 
Guillermo Pulecio Corredor
Vuelo de Torcaza, 25 de mayo 2020

Capítulo 2 - Pepe y Papita Torcaza. Hace pocos días, trajeron las crías de su nido y se empiezan a habitar como sus padres. Esta pandemia les trajo tres polluelos. En una de mis siestas, los trajeron a mi ventana. Sentí que revoloteaban de un lado a otro. Y como a cualquier animal doméstico les puse nombres: Pepitilla, Pepitillo y Pepitolla. Cuando regresé de mi letargo se ponen como locos buscando el escape. Pepitilla tuvo la torpeza de estrellarse contra el vidrio y calló atontada en el piso. Me levanté. Asumo posición felina y me lancé a cogerla. Por desgracia me quedé con las plumitas tiernas de su cola. Asustada voló y se escondió detrás de mi PC. Con más astucia, me aproximé y de un zarpazo la tomé con la mano. La mire con dulzura mientras ella me miraba aterrada. La besé y la llevé hasta colocarla sobre el umbral de la ventana. Mira hacia todos lados y de pronto vuela sin cola hasta el árbol más cercano.

Capítulo 3 – Pepe el proveedor. Pepita se ha desentendido de los hijos. A Pepe le toca bajar más veces a buscar el embuchado para sus hijos. Y ellos, lo esperan en la reja del jardín para acosarlo y obligarlo regurgitar en sus picos.

Pepe el valiente, baja al piso mientras los necios pinschers lo acechan, lo corretean y él vuela para posarse en un rosal. Les hace fieros. Cuando se distraen, vuelve por los trocitos de maíz.

Pepe el descarado, si no encuentra nada en el suelo y me ve sentado tomando una taza de café, se posa sobre la mesa como quien dice “sírvame”. Desmenuzo una galleta, se la esparzo en un plato y sin ningún melindre se sube y come hasta llenar el buche. Pica, engulle y mira. Atento. Nunca pierde de vista los acechos.

(Ellos, como cualquier ser o ente terrenal, tienen su propio lenguaje para comunicarse, es menester que con ternura entablemos un diálogo con ellos de gestos, cuquidos, siseos y palabras).   

Guillermo Pulecio Corredor
Nidal de la Torcaza, 12 de junio 2020

No hay comentarios:

Publicar un comentario

REMIRANDO A ANDREI TARKOVSKIY - Guillo

SOBRE LO QUE ME QUEDA AL REMIRAR ESTE FILME-ARTE (Así decíamos en los años setenta)   ATREVIMIENTO: Después de unos meses, sumergido e...