Moho. Xiomara Ortega
La casa está tan oscura y húmeda que parecemos estar flotando en la noche. Se cuela un olor a madera descompuesta, creo que es la mesa de pino que se quedó por fuera de la casa, aunque debajo del techo; pero la lluvia que no cesa desde hace días debe haberla humedecido. Los muebles de cedro de la habitación, también dejan su aroma que se entremezcla con los jazmines.
Me gusta el aire frío que entra por las ranuras de la ventana, aunque pienso: el abuelo murió en Siberia; en el infierno no hay fuego, solo hay hielo.
No para de llover y la oscuridad parece un plástico que se nos pega en la piel. Nos levantamos de la cama y el suelo está enmohecido, una capa espesa se nos adhiere en las plantas de los pies. Volteo a mirarte y aprieto tu mano porque tengo miedo, tomo una bocanada de aire con esfuerzo para preguntarte, dónde estamos; tú me contestas: ¿dónde estoy?
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