Debajo de la máquina de coser, lejos, muy lejos donde las piernas de mi madre
ya no se ven; entre hilos y retazos se teje el rumiante verde. Desde un rincón
desanuda la mirada, extiende sus enredaderas y abre sus manos de bocas grandes: cantan
el misterio. El timón retoma el vuelo y sobre la infinita colcha de colores
visualizo el espacio, hasta que un animal extinto nos expulsa del sueño con sus
alaridos de hombre. Ya no hay combustible para la nave: en el espacio un animal extinto se alimenta de su reflejo.
(Me excuso de antemano por no darle el tiempo de reposo y gracias por las anotaciones)
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