El cielo es una ingente cúpula
que se pierde en la curva del horizonte,
donde los únicos cuerpos habidos
fueron hechos de un soplo.
Las aves, dueñas del mundo,
escucharon primeras a los seres empíreos
cuando encumbraron el aire
en sus carros alados.
Ahí Dios, en su santa cúspide,
vigila el Edén
con su pupila de luz.
Hola Paola. Bienvenida. Bienvenido tu poema espiritual. Me encantó eso de "seres empíreos". Uf, ya somos celestiales.
ResponderEliminarQué lindo poema, Paula.
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