martes, 7 de julio de 2020


Poética, crítica y utopía

La primera tarea por solventar es la delimitación de nuestro terreno, o sea, decir qué entendemos por poética. No podría haber mejor comienzo para nuestro propósito que las afirmaciones de Aristóteles al respecto: "La obra propia del poeta no es tanto narrar las cosas que realmente han sucedido cuanto contar aquellas que podrían haber sucedido y las cosas que son posibles según una verosimilitud o una necesidad.


 En efecto, el historiador y el poeta no difieren por el hecho de escribir sus narraciones uno en verso y el otro en prosa -se podría haber traducido a verso la obra de Herodoto y no sería menos historia por estar en verso que en prosa-; antes se distinguen en que uno cuenta los sucesos que realmente han acaecido y el otro los que podrían suceder. 



Por eso la poesía es más filosófica que la historia y tiene un carácter más elevado que ella, ya que la poesía cuenta sobre todo lo general, la historia lo particular"'. El filósofo nos ayuda con esta cita a superar una visión meramente formal o semántica de las diferencias entre el discurso poético y otras clases de discurso -el histórico es sólo un ejemplo-; lo metafórico no puede dilucidarse en el solo plano del nombre o del enunciado, ya que de tal modo nos quedaríamos atados irremediablemente a la semiótica y a la semántica, "encerrados" en el  texto sin la posibilidad de "ver" las relaciones de éste con lo real. Es a partir de una hermenéutica, o sea -y según lo plantea Paul Ricoeur-. ateniéndonos al plano del discurso en su globalidad y sus relaciones con la realidad -referencialidad-. que podremos resolver con mejores resultados e interesantes consecuencias el problema del discurso poético: la poesía es ''más filosófica" debido a su carácter metafórico. ya que realiza una suspensión del referente usual, descubriendo/ produciendo una asociación novedosa entre el discurso y las cosas , o sea, se "refiere" de "aquellas [cosas] que podían haber sucedido y las cosas que son posibles según una verosimilitud o una necesidad". 


Pero es que, además, lo poético no puede identificarse sin  lo que generalmente se entiende por "poesía'' en tanto construcción literaria diferente de la .. prosa". 



A partir de lo anterior, una novela puede ser incluida bajo nuestra categorización poética dada la suspensión referencial aunada a la nueva referencialidad implementada, o sea, al emplearse el lenguaje para la creación de una ficción que no se corresponde literalmente con la realidad de los hechos "actuales", lo propiamente factual, pero que sí es capaz de recrear "es La" realidad mediante la puesta en escena de "esa otra" realidad posible, el "mundo" del texto, que garantiza la verosimilitud de la creación literaria.



 Esto es la metáfora y no la identificaremos acá con la versificación, la rima u otro fenómeno que escape a la categorización que hemos elegido. Visto lo anterior podemos afirmar que lo poético tiene un enorme potencial creador y recreador de la realidad, dado que el discurso metafórico es capaz de introducir en nuestro campo perceptivo posibilidades que sirvan de orientación y acicate a nuestra praxis. En esta línea, "el poder de la metáfora consistiría en destruir una categorización anterior, para establecer nuevas fronteras lógicas sobre las ruinas de las precedentes"'. 


El enlace con lo utópico se logra desde el momento en que entendemos éste en sentido amplio, en tanto propuesta radicalmente nueva ("nuevas fronteras lógicas") pero, y esto es fundamental, nos interesa enfatizar que esto utópico no tiene sentido si se desatiende el aspecto de la crítica. De nuevo encontramos en Ricoeur un poco de luz: "El poder del texto al abrir una dimensión de la realidad implica, en principio, un recurso contra cualquier realidad dada y, por eso, la posibilidad de una crítica de lo real. Es en el discurso poético que este poder subversivo está más vivo". La subversión la realiza lo poético dentro de las "lecturas", "narrativas" y "textos" que pretenden explicar/interpretar la realidad a partir de un presupuesto ideológico o metodológico determinado, el cual se ha convertido en el modo usual de entenderla. 


Lo metafórico, por lo tanto, comprende la modificación de un término, enunciado o discurso respecto de su sentido propio, pero no entendiendo este propio como equivalente a original, etimológico, sino en cuanto usual'. En efecto, cuando una metáfora es utilizada cotidianamente por la comunidad hablante estamos ante la "metáfora muerta"; por el contrario, la "metáfora  viva" es aquella que genera la sorpresa y el asombro, la capacidad para ver la realidad de manera novedosa con lo cual la realidad, tal como se nos presenta en el discurso "oficial", se ve radicalmente cuestionada o, dicho de otra manera, relativizada. Por eso no es extraño que el rol del poeta se confunda en muchas culturas con el del profeta: "En las sociedades rudimentarias la poesía y la profecía están tan íntimamente relacionadas que es casi imposible distinguirlas. El cantor revela a otros hombres lo que ha aprendido de una fuente sobrenatural y es tanto un profeta como un poeta en cuanto utiliza la técnica y la concentración de la poesía para dar fuerza a sus profecías y cree que está literalmente inspirado". 


Esta inspiración podemos entenderla como interpretación poética de la realidad, mediante la cual el poeta puede ver las cosas de un modo diferente. El profeta entra en conflicto con lo establecido principal y radicalmente porque su vocación se origina en una especie de "iluminación" o "inspiración". Estas no tienen por qué ser exclusivamente de índole religiosa, pero sí son característica esencial para su labor: el iluminado o inspirado interpreta la realidad de modo distinto. 


En el caso del poeta, el conflicto no dependerá fundamentalmente de los temas elegidos, de los contenidos en su discurso, o de la filiación ideológica del sujeto, sino del mero acto poético, el cual necesariamente relativiza lo establecido para poder "abrir una dimensión de la realidad". Lo anterior viene a darnos valiosos elementos para entender la creación literaria no como la concreción de una mentira sino como la expresión de una verdad, precedida por la denuncia de la mentira, ya que en absoluto consideraremos a la ficción como falseamiento, mucho menos como engaño. Vale más hablar de utopía que de fantasía cuando nos referimos a la poética y esto significa que entramos en el ámbito de la ética, el ámbito del deber ser. Utopía y deber ser. En este lugar puede preguntarse el lector por la relación con las Bases de que hace gala el título de nuestro escrito. 


¿Dónde encontramos nosotros esta relación? ¿A qué se debe que hayamos elegido el discurso anterior sobre la poética, la utopía, la crítica, la mentira, etc. para analizar aquel documento? Esto lo aclararemos enseguida, pero antes que nada tenemos que ahondar en lo que entendemos por dimensión ética de la utopía, para lo cual nos auxiliaremos de un estudioso de los mundos de ficción como lo es Umberto Eco, el cual nos dice: "Utopía. 


Puede imaginar que el mundo posible narrado es paralelo al nuestro, existe en alguna parte, aun cuando nos sea normalmente inaccesible. Esa es la forma que adopta por lo general el relato utópico, ya se entienda la utopía en su sentido proyectivo, de representación de una sociedad ideal, como sucede en la obra de Tomás Moro o en sentido caricaturesco como deformación irónica de nuestra realidad, como sucede en la obra de Swift. Este mundo puede haber existido en tiempos o existir en un lugar remoto del espacio. Por lo general, constituye el modelo de cómo debería ser el mundo real".  Eco ubica su concepción de utopía dentro de lo que concibe como planteamiento contra/actual fantástico, o sea, una elaboración ficticia que desarrolla su trama de modo que no coincida con la "forma" como suceden las cosas en el mundo real, o sea que el mundo posible, el que se plantea en la narrativa fantástica, es estructuralmente distinto del real". Hemos elegido esta perspectiva para nuestros análisis no sólo porque contribuye a la explicación de la relación entre utopía, crítica y poética, sino, además, porque nos permitirá categorizar mejor las Bases. 



Pero bien, regresando a nuestra actual preocupación, en la última línea se nos aclara lo del carácter ético de la utopía. Si la ética comprende el análisis del valor del comportamiento humano y el planteamiento de criterios que sirvan de guía para la optimización del mismo, cuesta creer que pueda desterrarse apriorísticamente de su horizonte un modelo de lo que sería el mundo óptimo, o sea y sólo según este sentido, el mundo ideal. Llevar a cabo esto implicaría acabar con el horizonte ético, puesto que equivale a invalidar la necesidad de plantear criterios de comportamiento. Por otra parte, es evidente que en la construcción de unos criterios éticos habrá que tomar en cuenta las posibilidades concretas, ya que a partir de las mismas toda acción podrá ser determinada como susceptible de análisis ético, mientras que la no existencia de posibilidades reales, históricamente determinadas, invalidaría un juicio ético que exigiera un comportamiento para el que tales posibilidades fuesen fundamentales'. 


Pero hay un aspecto que también nos interesa destacar y es que el planteamiento de un mundo ideal, la propuesta, el "debe", invalida, cuestiona y relativiza el mundo "ficticio", lo que tenemos, el "es": hay una ineludible dimensión crítica, de denuncia, en los planteamientos utópicos y ésta sólo puede originarse en una novedosa percepción de la realidad.



Carlos Molina Velásquez
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas

2 comentarios:

  1. Este documento me ha permitido afirmar y ampliar el conocimiento sobre las relaciones entre poética, estética y utopía. Gracias Betsimar.

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