miércoles, 8 de julio de 2020

Reflexión 2


REFLEXIÓN SOBRE EL HACEDOR DE POEMAS

Agradezco la revisión de mi poema sentimental “SIN SU RISA”, producto del recuerdo de alguien muy querido que falleció hace tres años.
Los comentarios y sugerencias los recibí con mucho agrado porque me parecieron oportunos y serios en este proceso de dignificar el ejercicio creativo mediante la atención a la forma, al contenido, al significado, al sentido, al ritmo y musicalidad del escrito poético.
Consciente de que el idioma castellano es uno de los más ricos de las lenguas vivas; por su léxico, la variedad en la conjugación de sus verbos y su adaptabilidad para convivir con otros idiomas, me propongo a reflexionar de la manera más amable sobre el ejercicio del hacedor de poemas.
El aspirante a poeta es un sujeto perfectamente individual que soporta la carga de la cadena del aprendizaje, una historia, las aventuras, los sueños, una utopía, la beligerancia o apatía por las causas humanas-sociales-políticas-planetarias. Desde esta particularidad se enfrenta a descubrir o no los sentimientos y las vivencias propias o las capturadas en otras fuentes del entorno existencial, para desgarrar imágenes como preámbulos del hecho poético.
Para alguien no sensible una composición poética, son solo palabras (como dice la canción de Silvana di Lorenzo), pero, no son palabras aleatorias, ellas son armadas en un cierto orden para insinuar imágenes, sensaciones y fantasías; y al mismo tiempo, captura con su magia la atención y el imaginario del lector.
Este hecho inefable en el proceso de búsqueda de comunicación por parte del escritor, contando tan solo con adjetivos, sustantivos y verbos, lo enfrenta a la estructuración de una filigrana con solo palabras. En todo caso, no le queda otra alternativa a este hacedor de versos, que enfrentar con riesgo su compromiso de utilizar bien las palabras comunes y raras de su idioma materno. O como dice Hugo Mujica en su conferencia en “El vaso roto” el escritor “mientras más palabras conozca más posibilidades de dejar vibrar esa experiencia va a tener; por así decirlo, más entonaciones y más matices del poema”.
En este punto, es preciso insistir que en un idioma tan rico no deben existir palabras vedadas y mucho menos encarceladas por la moda o la academia, pues, estaríamos constriñendo posibilidades de crecimiento lingüístico y de nuevas significaciones a la expresión literaria. Creo que no debe darnos vergüenza insinuar al lector revisar el diccionario de vez en cuando; para, de alguna manera, confrontar la actitud facilista a que nos ha traído la ideología de la inmediatez de nuestra sociedad de consumo.
El ejercicio de escribir poemas debe conducirnos a estados de lucidez, dolor, felicidad, asombro, reflexión, misterio, misticismo, magia, fantasía, elementalidad, telúrica y Libertad. Repito, cada escribidor comprometido, es un individuo con la posibilidad de contar sus propias experiencias y las adoptadas de fuentes externas, tan solo con las palabras que el uso y su nivel de ilustración le permitan expresarse.   
Los primeros cánones como forma de control de lo que se debe decir  o no, de lo que se debe saber o no, se establecieron en la biblia de los Hebreos. Después pasaron por todas las eras de la filosofía y la estética hasta el presente: la Era del Conocimiento. Donde todo es debatible y todo es aceptable o deplorable dependiendo del tamiz con que se filtre el contenido filosófico, ideológico y pragmático del objeto en estudio. O simplemente, por los acuerdos a que se hayan llegado en un grupo de discusión. En nuestro caso el taller literario. Así, Los cánones de belleza o estética como la moda son pasajeras, nunca tendremos la última palabra, porque el escribiente tiene mundo aparte y punza su realidad y le da contenido desde su filosofía de vida, sus creencias o su utopía cultural. Es decir, la óptica con que se mira un hecho, una fantasía, una tristeza, un triunfo, una alegría depende del creador.
Si se puede desde cualquier escalafón de la experiencia remozar la escritura como medio de expresión. Siempre es posible encontrar y reencontrar en las palabras comunes y corrientes ese detonante que encienda la imaginación y la fantasía. Quiero dejar constancia que esto es lo más importante que he encontrado en El Traspatio del Cielo: la apertura al conocimiento y la modelación de los ejercicios presentados al taller. El quehacer poético no es de eruditos sino de seres sensibles; por esta razón, el taller como está diseñado, nos permite discernir sobre las mil maneras de componer un verso.     
La “intelligentsia” tuvo su cuarto de hora en aquellos regímenes en los cuales solo se admitía una verdad. Esas murallas fueron derribadas por el pensamiento creativo de los gestores de Libertad.
En este berenjenal de la sapiencia todo es mutante y le toca al mísero poeta encontrar por su cuenta la Lámpara de Aladino que le permita avanzar para alcanzar sus deseos de legitimidad y de gloria. Por esto, es función de los talleres literarios sembrar en los poetas participantes esos resonantes que coadyuven en su despertar a la poética y sobre todo entender la individualidad de la creación artística.  
Confieso que he reescrito el poema “SIN SU RISA” más de veinte veces y aún no hallo la melodía ni las palabras que satisfagan mi instinto creativo. Ya llamo al poema “SIN SU RISA ESTERTÓREA”. Precisamente hoy que se cumple el tercer aniversario. 
Guillermo Pulecio Corredor
El traspatio del cielo, 8 de julio de 2020

2 comentarios:

REMIRANDO A ANDREI TARKOVSKIY - Guillo

SOBRE LO QUE ME QUEDA AL REMIRAR ESTE FILME-ARTE (Así decíamos en los años setenta)   ATREVIMIENTO: Después de unos meses, sumergido e...